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TEORÍAS CRIMINOLÓGICAS SOBRE HOMICIDIO DE PAREJA





Desde una perspectiva criminológica, existen diversas corrientes que intentan explicar porque se comete un delito y la causas por las que se ejecuta la conducta violenta y homicida.
J. J. Medina (2002) (6) destaca dos tipos de violencia que aparecen en la violencia doméstica;
Violencia expresiva, “aquella que obedece a sentimientos de ira y que refleja dificultades en el control de impulsos o en la expresión de afectos”.
Violencia instrumental, “aquella que tiene una finalidad racional en la mente del agresor”.
Según la forma en que los investigadores conceptualizan la violencia puede ser de los dos tipos o tan solo de uno de ellos. Por ejemplo para Freud (1939), relaciona la violencia como una forma de comportamiento expresivo mientras que Berkowitz (1993) considera la conducta violenta como una conducta de carácter instrumental (Medina, 2002) (6).
EPISODIOS DE VIOLENCIA DOMÉSTICA
J. J. Medina (2002) (6), señala a Dobash y Dobash (1984) como uno de los autores que mayor atención ha prestado al análisis de la violencia doméstica. Según Medina (2002) (6),  Dobash y Dobash (1984) hace referencia a los episodios de violencia doméstica y su necesidad de estudiar la naturaleza de los mismos (fuentes del conflicto, argumentos, ataque físico, lesiones, el tiempo, el lugar en el que ocurren, y la reacción de terceras partes) las circunstancias que los rodean, los procesos dinámicos envueltos de violencia (desde que comienza hasta que termina), los significados y motivos asociados con ellos, así como los cambios experimentados en los mismos con el paso del tiempo. Conceptualiza la violencia como una conducta orientada a unos fines que ellos vinculan con las normas y expectativas de conducta de tipo desigual que se generan entre hombres y mujeres en el contexto de todas las relaciones de pareja. El autor menciona que los episodios violentos entre íntimos no empiezan, ni terminan en un momento específico, continúan evolucionando con nuevos episodios violentos y entran a formar parte integral de la relación.
Los investigadores Dobash y Dobash (1984) citados en (Medina, 2002) (6), indican que la mayoría de los episodios violentos que se denuncian tiene que ver con los celos (31% al 22%), con las obligaciones domésticas (37% a 16%) y por último con las discusiones sobre el dinero (17% al 7%) tratan de identificar cuatro grandes áreas de conflicto que desembocan en episodios violentos. En otro de sus estudios, identifican cuatro categorías en las que se desembocan los episodios violentos: Los celos, desacuerdos sobre el trabajo doméstico y recursos económicos, el sentimiento masculino de derecho a castigar y la importancia de los hombres en mantener la autoridad.
CICLO DE LA VIOLENCIA
Rincón y Labrador (2005) (23) demuestran “La teoría del ciclo de la violencia” de Walker (1979, 1989), en su teoría comprueban que; un episodio de violencia doméstica puede aumentar la probabilidad de que vuelva a repetirse y se convierta en un ciclo de tres fases que varían en duración e intensidad en una misma pareja y en diferentes parejas (ver Anexo XI).
1ª Fase, acumulación de tensión: Caracterizada por agresiones psicológicas, cambios repentinos e imprevistos en el estado de ánimo, incidentes “menores” de malos tratos (pequeños golpes, empujones) por parte del agresor hacia la víctima. La mujer intenta calmar a su pareja, tiende a comportarse de forma sumisa o ignora los insultos y descalificaciones de él, minimiza lo sucedido e intenta negar los malos tratos. La situación no mejora, si no que empeora, se da una escalada en esos incidentes “menores” maltrato.
2ª Fase, explosión, agresión o incidente de maltrato agudo: Cuando la tensión de la fase anterior llega al límite, se produce la descarga de la misma a través del maltrato psicológico, físico o sexual grave. En esta fase apenas hay control de los actos del maltratador, se caracteriza por una fuerte destructividad. El agresor reconoce que su furia ha sido desmedida e intenta justificar sus actos, pues el agresor pretendía darle una lección a la víctima, sin la intención de causarle daño y ha finalizado el siente que ella ha aprendido la lección. El agresor le produce daños físicos a la víctima y en algunos casos causarle la muerte, pues en este periodo el 50% de las mujeres buscan asistencia médica.
3ª Fase, arrepentimiento, reconciliación o luna de miel: En esta fase no hay tensión ni agresión, el hombre se arrepiente y pide perdón a la víctima prometiendo que no volverá a suceder. El maltratador se comporta de manera encantadora y amorosa, cree que nunca le volverá a hacer daño, cree que la víctima ya ha aprendido la lección y no se comportara de manera inadecuada. La mujer le cree e intenta asimilar la situación como una “pérdida de control momentánea”. Se trata de una fase crítica para la mujer, debe tomar la decisión de dejar al agresor, es momento en que ella tiene más contacto con las personas que pueden ayudar, más libertad para salir de casa y mantener las relaciones sociales.
DESENCADENANTES DE LA VIOLENCIA
Otro de los autores españoles que ha investigado sobre la violencia del hombre es Enrique Echeburúa y junto con Montalvo (1998) en el artículo “¿Se puede y debe tratar psicológicamente a los hombres violentos contra la pareja?” (21) manifiestan que el maltrato del hombre contra la pareja “es el resultado de un estado emocional intenso –la ira-, que interactúa con unas actitudes de hostilidad, un repertorio de conductas pobre (déficit de habilidades de comunicación y de solución de problemas) y unos factores precipitantes (situaciones de estrés, consumo abusivo de alcohol, celos, etcétera), así como de la percepción de vulnerabilidad de la víctima” (ver Anexo X). El hombre tiende a descargar su ira en aquella persona que percibe como más vulnerable y en un entorno que es más fácil de ocultar lo ocurrido, por otro lado el hombre maltratador consigue lo que quiere con su comportamiento violento, mientras que la mujer consigue evitar las consecuencias negativas de la conducta violenta y junto con otras variables (dependencia emocional y económica, la presencia de los hijos, la presión social, el miedo al futuro) se explican los episodios de maltrato. Por lo general, la mayor parte de los episodios de malos tratos comienzan en los inicios del matrimonio o durante el noviazgo (Echeburúa, Corral, Sarasua, Zubizarreta, 1996).
TEORIA DEL APRENDIZAJE SOCIAL
Ortiz y García (2008) (24), demuestran la correlación entre una historia de violencia familiar y convertirse en agresor cuando se es adulto. Los autores citan a Bandura (1973) y su trabajo sobre niños expuestos a modelos agresivos; cuando los niños son expuestos a modelos agresivos “tienden a imitar el repertorio de conductas que se le ha modelado y también pueden desarrollar conductas nuevas”, los niños aprenden modelos reales o simbólicos.
El modelaje de conductas violentas proporciona un sistema de creencias en el aprendizaje: Te pego porque te quiero, entre los miembros de casa los golpes son permitidos pero solo puede repartirlos el que tiene el poder para hacerlo, a falta de conocimiento y destrezas para manejar la situaciones conflictivas se justifica el uso de la violencia (Ortiz y García 2008) (24).
Los niños observan y aprenden como los adultos afrontan las situaciones difíciles como por ejemplo la pérdida de empleo, el fallecimiento de uno de sus miembros…etc, aprenden vicariamente cuando la violencia es permitida y los argumentos a utilizar para justificarla, mientras que las niñas a inhibir su conducta violenta porque no es propio de su género (Ortiz y García 2008) (24).
TOMA DE DECISIONES SOBRE ACCIONES COERCITIVAS
Por otro lado, los autores Tedeschi y Felson (1994) citados en (Medina, 2002) (6) recogen el trabajo de Bandura y desarrollan una teoría del comportamiento violento, como una acción orientada a la obtención de un fin. Tedeschi y Felson creen que es importante que los individuos otorguen valor a los resultados de sus acciones y a los medios que usan para obtener dichos medios. Consideran que toda acción violenta puede obedecer de manera aislada o conjunta o conjunta a varios fines, un agresor puede comportarse violentamente para obligar a otra persona a hacer o no hacer algo bien.
Según J. J. Medina (2002) (6), los investigadores Fagan y Wilkinson (1998) plantean que la violencia guarda estrecha relación con los cognitivo, así pues los episodios violentos proceden de un guión, estructura cognitiva que sirve para que los individuos organicen su entendimiento de situaciones típicas, permitiéndoles tener expectativas y llegar a conclusiones sobre el resultado potencial de diversos eventos.
TEORIA DEL INTERCAMBIO/ CONTROL SOCIAL

Por otro lado, Gelles (1983) citado en Medina (2002) (6) y en la publicación “Explicaciones teóricas y abuso de la esposa” (22), postula una teoría del intercambio/control social basado en el principio de costos y beneficios, es decir los hombres son violentos en el hogar si los costes de la violencia no exceden a los de sus recompensas y la gente usa la violencia cuando no existen controles sociales que eviten semejante patrón conductual. Por tanto la violencia se producirá cuando las recompensas son mayores que los costos. De estos principios plantea que los miembros de la familia son más proclives a usar la violencia en el hogar cuando piensan que los costes son menores que las recompensas, que la ausencia de controles sociales efectivos sobre las relaciones familiares disminuye los costes de que una persona actúe con violencia contra otros miembros de su familia, por último plantea que ciertas estructuras sociales y familiares sirven para reducir los controles sociales sobre las relaciones familiares y como consecuencia reducen los costos o aumentan las recompensas del comportamiento violento (Medina, 2002) (6).
Desde una perspectiva criminológica, existen diversas corrientes que intentan explicar porque se comete un delito y la causas por las que se ejecuta la conducta violenta y homicida. J. J. Medina (2002) (6) destaca dos tipos de violencia que aparecen en la violencia doméstica; Violencia expresiva, “aquella que obedece a sentimientos de ira y que refleja dificultades en el control de impulsos o en la expresión de afectos”. Violencia instrumental, “aquella que tiene una finalidad racional en la mente del agresor”.
Según la forma en que los investigadores conceptualizan la violencia puede ser de los dos tipos o tan solo de uno de ellos. Por ejemplo para Freud (1939), relaciona la violencia como una forma de comportamiento expresivo mientras que Berkowitz (1993) considera la conducta violenta como una conducta de carácter instrumental (Medina, 2002) (6).

 EPISODIOS DE VIOLENCIA DOMÉSTICA

J. J. Medina (2002) (6), señala a Dobash y Dobash (1984) como uno de los autores que mayor atención ha prestado al análisis de la violencia doméstica. Según Medina (2002) (6), Dobash y Dobash (1984) hace referencia a los episodios de violencia doméstica y su necesidad de estudiar la naturaleza de los mismos (fuentes del conflicto, argumentos, ataque físico, lesiones, el tiempo, el lugar en el que ocurren, y la reacción de terceras partes) las circunstancias que los rodean, los procesos dinámicos envueltos de violencia (desde que comienza hasta que termina), los significados y motivos asociados con ellos, así como los cambios experimentados en los mismos con el paso del tiempo. Conceptualiza la violencia como una conducta orientada a unos fines que ellos vinculan con las normas y expectativas de conducta de tipo desigual que se generan entre hombres y mujeres en el contexto de todas las relaciones de pareja. El autor menciona que los episodios violentos entre íntimos no empiezan, ni terminan en un momento específico, continúan evolucionando con nuevos episodios violentos y entran a formar parte integral de la relación. Los investigadores Dobash y Dobash (1984) citados en (Medina, 2002) (6), indican que la mayoría de los episodios violentos que se denuncian tiene que ver con los celos (31% al 22%), con las obligaciones domésticas (37% a 16%) y por último con las discusiones sobre el dinero (17% al 7%) tratan de identificar cuatro grandes áreas de conflicto que desembocan en episodios violentos. En otro de sus estudios, identifican cuatro categorías en las que se desembocan los episodios violentos: Los celos, desacuerdos sobre el trabajo doméstico y recursos económicos, el sentimiento masculino de derecho a castigar y la importancia de los hombres en mantener la autoridad.

CICLO DE LA VIOLENCIA

Rincón y Labrador (2005) (23) demuestran “La teoría del ciclo de la violencia” de Walker (1979, 1989), en su teoría comprueban que; un episodio de violencia doméstica puede aumentar la probabilidad de que vuelva a repetirse y se convierta en un ciclo de tres fases que varían en duración e intensidad en una misma pareja y en diferentes parejas.
1ª Fase, acumulación de tensión: Caracterizada por agresiones psicológicas, cambios repentinos e imprevistos en el estado de ánimo, incidentes “menores” de malos tratos (pequeños golpes, empujones) por parte del agresor hacia la víctima. La mujer intenta calmar a su pareja, tiende a comportarse de forma sumisa o ignora los insultos y descalificaciones de él, minimiza lo sucedido e intenta negar los malos tratos. La situación no mejora, si no que empeora, se da una escalada en esos incidentes “menores” maltrato.
2ª Fase, explosión, agresión o incidente de maltrato agudo: Cuando la tensión de la fase anterior llega al límite, se produce la descarga de la misma a través del maltrato psicológico, físico o sexual grave. En esta fase apenas hay control de los actos del maltratador, se caracteriza por una fuerte destructividad. El agresor reconoce que su furia ha sido desmedida e intenta justificar sus actos, pues el agresor pretendía darle una lección a la víctima, sin la intención de causarle daño y ha finalizado el siente que ella ha aprendido la lección. El agresor le produce daños físicos a la víctima y en algunos casos causarle la muerte, pues en este periodo el 50% de las mujeres buscan asistencia médica.
3ª Fase, arrepentimiento, reconciliación o luna de miel: En esta fase no hay tensión ni agresión, el hombre se arrepiente y pide perdón a la víctima prometiendo que no volverá a suceder. El maltratador se comporta de manera encantadora y amorosa, cree que nunca le volverá a hacer daño, cree que la víctima ya ha aprendido la lección y no se comportara de manera inadecuada. La mujer le cree e intenta asimilar la situación como una “pérdida de control momentánea”. Se trata de una fase crítica para la mujer, debe tomar la decisión de dejar al agresor, es momento en que ella tiene más contacto con las personas que pueden ayudar, más libertad para salir de casa y mantener las relaciones sociales.

DESENCADENANTES DE LA VIOLENCIA

Otro de los autores españoles que ha investigado sobre la violencia del hombre es Enrique Echeburúa y junto con Montalvo (1998) en el artículo “¿Se puede y debe tratar psicológicamente a los hombres violentos contra la pareja?” (21) manifiestan que el maltrato del hombre contra la pareja “es el resultado de un estado emocional intenso –la ira-, que interactúa con unas actitudes de hostilidad, un repertorio de conductas pobre (déficit de habilidades de comunicación y de solución de problemas) y unos factores precipitantes (situaciones de estrés, consumo abusivo de alcohol, celos, etcétera), así como de la percepción de vulnerabilidad de la víctima”.
El hombre tiende a descargar su ira en aquella persona que percibe como más vulnerable y en un entorno que es más fácil de ocultar lo ocurrido, por otro lado el hombre maltratador consigue lo que quiere con su comportamiento violento, mientras que la mujer consigue evitar las consecuencias negativas de la conducta violenta y junto con otras variables (dependencia emocional y económica, la presencia de los hijos, la presión social, el miedo al futuro) se explican los episodios de maltrato. Por lo general, la mayor parte de los episodios de malos tratos comienzan en los inicios del matrimonio o durante el noviazgo (Echeburúa, Corral, Sarasua, Zubizarreta, 1996).

TEORÍA DEL APRENDIZAJE SOCIAL

Ortiz y García (2008) (24), demuestran la correlación entre una historia de violencia familiar y convertirse en agresor cuando se es adulto. Los autores citan a Bandura (1973) y su trabajo sobre niños expuestos a modelos agresivos; cuando los niños son expuestos a modelos agresivos “tienden a imitar el repertorio de conductas que se le ha modelado y también pueden desarrollar conductas nuevas”, los niños aprenden modelos reales o simbólicos. El modelaje de conductas violentas proporciona un sistema de creencias en el aprendizaje: Te pego porque te quiero, entre los miembros de casa los golpes son permitidos pero solo puede repartirlos el que tiene el poder para hacerlo, a falta de conocimiento y destrezas para manejar la situaciones conflictivas se justifica el uso de la violencia (Ortiz y García 2008) (24). Los niños observan y aprenden como los adultos afrontan las situaciones difíciles como por ejemplo la pérdida de empleo, el fallecimiento de uno de sus miembros…etc, aprenden vicariamente cuando la violencia es permitida y los argumentos a utilizar para justificarla, mientras que las niñas a inhibir su conducta violenta porque no es propio de su género (Ortiz y García 2008) (24).

TOMA DE DECISIONES SOBRE ACCIONES COERCITIVAS

Por otro lado, los autores Tedeschi y Felson (1994) citados en (Medina, 2002) (6) recogen el trabajo de Bandura y desarrollan una teoría del comportamiento violento, como una acción orientada a la obtención de un fin. Tedeschi y Felson creen que es importante que los individuos otorguen valor a los resultados de sus acciones y a los medios que usan para obtener dichos medios. Consideran que toda acción violenta puede obedecer de manera aislada o conjunta o conjunta a varios fines, un agresor puede comportarse violentamente para obligar a otra persona a hacer o no hacer algo bien. Según J. J. Medina (2002) (6), los investigadores Fagan y Wilkinson (1998) plantean que la violencia guarda estrecha relación con los cognitivo, así pues los episodios violentos proceden de un guión, estructura cognitiva que sirve para que los individuos organicen su entendimiento de situaciones típicas, permitiéndoles tener expectativas y llegar a conclusiones sobre el resultado potencial de diversos eventos.

TEORÍA DEL INTERCAMBIO/ CONTROL SOCIAL

Por otro lado, Gelles (1983) citado en Medina (2002) (6) y en la publicación “Explicaciones teóricas y abuso de la esposa” (22), postula una teoría del intercambio/control social basado en el principio de costos y beneficios, es decir los hombres son violentos en el hogar si los costes de la violencia no exceden a los de sus recompensas y la gente usa la violencia cuando no existen controles sociales que eviten semejante patrón conductual. Por tanto la violencia se producirá cuando las recompensas son mayores que los costos. De estos principios plantea que los miembros de la familia son más proclives a usar la violencia en el hogar cuando piensan que los costes son menores que las recompensas, que la ausencia de controles sociales efectivos sobre las relaciones familiares disminuye los costes de que una persona actúe con violencia contra otros miembros de su familia, por último plantea que ciertas estructuras sociales y familiares sirven para reducir los controles sociales sobre las relaciones familiares y como consecuencia reducen los costos o aumentan las recompensas del comportamiento violento (Medina, 2002) (6).


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